
Barbarella

La joven, prometedora y agresiva periodista deportiva, a bordo de su motocicleta CNX de última generación, se dirigía a la fiesta que la cadena de TV ofrecía al Campeón con motivo de su 111.º cumpleaños.
Embutida en su equipamiento motero “by Gozzo “ se sentía divina de la muerte, seguramente es lo que la había querido transmitir su abuelo, cuando al cruzarse con ella al salir de casa, le comentó que le recordaba a una tal Jane Fonda, al parecer en una película llamada Barbarella.
De repente, una nube de grandes insectos, parecidos a langostas, se topó con ella y le hizo parar.
Aquellos insectos se lanzaron sobre la moto y se pusieron a devorar, con fruición, el metal.
Debían ser ese tipo de híbrido insecto-robot (F451) capaz de autoreproducirse sobre los que acababa de leer un reportaje en Sayance. Vio con horror que comenzaban a devorar también sus hebillas y cremalleras y hasta sintió alguna mordedura en sus píes a través de las botas.
Llamó a emergencias. El agente prometió que desde un minisatélite, que se encontraba en la zona, enviaría un pulso electromagnético que anularía a todos aquellos bichos.
¿Puede darme su posición exacta?
Si, precisamente estoy junto al poste que indica el punto kilométrico, estoy en el doce...
La comunicación se cortó. Seguramente los bichos habían comenzado a devorar el móvil, pensó el agente, y pulsó el botón que disparaba el pulso.
Cinco minutos más tarde una patrulla de carreteras encontró algunos vestigios de lo que allí había sucedido.
- Menos mal que estos bichos comen todo menos el papel, así que podemos identificar a la víctima.
Cuando el Campeón recibió la noticia pensó en que era una verdadera lástima, hasta había imaginado que ella sería un buen postre para aquella celebración.
-¿Dónde ha sido?
En el kilómetro doce más uno, le respondieron

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