EN UN FUTURO COMO HOY

Aquellos que como yo me van conociendo sabrán de mi interés por las conversaciones cotidianas, con gente completamente desconocida. En las últimas 12 horas he tenido dos muy interesante, ¡si! ayer salí y por ello el espacio tiempo es menor.

Una de ellas con un exelente especimen de ciudadano californiano, de esos en cierto modo estereotipados: personalidad abierta, centrado en las vivencias del ahora y ávido de explorar el mundo. Tuvimos una conversación completamente intrascendente, conducía simplemente a un pinponeo de experiencias vividas en viajes y las grandes similitudes existentes entre los pueblos visitados. Lo trascendente para mi de esa conversación, como buen fagocitador de sensaciones que me precio ser, fue el espíritu positivo que emanaba, en ese momento nos podían haber dicho que vivíamos en un mundo sin hambre, sin miserias y en el que sus habitantes entendían la importancia de una sonrisa ¿Por qué de esta actitud?, pues para mi venía dada por la perspectiva de que se podría conseguir si más gente se lo planteara, vamos no sólo que dijera - "anda, pues molaría", "estaría bien que alguien hiciera eso" - sino de actos, hechos que nos lo hicieran real, palpable, existente. ¿Es necesario estar en un país extranjero para adoptar esa actitud? Pues, volvamos a ser nómadas, venga todo el mundo a cambiarse de país, y el que se quede sin asiento se queda fuera de la partida durante este juego (je, je, jua, jua vaya ocurrencia más macabra ¿o no?) Perdonad el retrueque, lo que venía a decir es que al estar en un sitio distinto al nuestro, con otras normas no verbales y por supuesto culturalmente diferente (con eso se resume un poco mejor, sólo un poco) se entra en ese estado de alerta y busqueda de pertenencia, se inicia una negociación emocional por intentar encajar (sabemos ya que el que se queda apartado del grupo se lo comen "los de fuera") Eso nos lleva a buscar las similitudes con el propio ser.

Por mi propia experiencia he sentido que este tipo de conversaciones me llenan más el "alma", hacen que la existencia tome sentido, como el primer mordisco a un chocolate después de haber estado una temporada sin catarlo: te enciende un poco las sienes, parece que piensas más claro. Sin embargo, conversaciones destructivas o intolerantes, en las que pretendemos tener razón por encima de la propia razón; te encienden, obvio, pero no en el mismo sentido. Creo que todos lo hemos sentido en algún todo momento, por ello no me extenderé. 

La otra conversación ha tenido a cabo hace una media hora con el dicharachero taxista que tan amablemente me ha traido a casa (inciso: el que piense que "dicharachero" y "amablemente" lo digo con segundas, que vuelva a releerse el tostón del párrafo anterior) Bueno, hemos tratado y por este orden: la posible prohibición de montar a caballo por el monte de El Pardo propuesta por un grupo ecologísta, el tráfico en las ciudades y sus consecuencias para el devenir existencial de la población madrileña, casos prácticos sobre el punto anterior, el gasto energético derivado de las máquinas de transporte, casos prácticos, y en consecuencia, el gasto energético y polución lumínica derivadas del alumbrado público. Esta conversación concluye por ambas partes con una realidad; la población no desea dejar de hacer las cosas como las hacen a diario, el y todos los que le rodean. Sentido de pertenencia. No quiero dejar de hacerlo ya que puede que me quede fuera del grupo, y me coman "los de fuera" - me he acostumbrado a hacerlo así diría otro. Lo establecido es cómodo, incluso funcional, pero debe ser replanteado cada cierto tiempo.

Como en el universo de burbujas de mi amigo Daniel, un mundo nuevo está naciendo del anterior, es ahora cuando existe. Si tanta gente estamos pensando de la misma manera, que las buenas intenciones para con los demás nos dan un mayor disfrute de la vida, empleemoslo y transmitámoslo a los cuatro vientos. No dejemos pasar ninguna conversación por baladí, pues es probablemente en ella donde ganaras una hectarea más de este nuevo mundo.

Bella tarde Mundo.

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