La doctrina Dumbo

Era un gran día, la Jefa Suprema, la que había conseguido erradicar del país, entre otras cosa, el consumo de tabaco, de alcohol, las velocidades superiores a 40 Km/h, los ruidos de más de 30 decibelios y la letra Ñ, porque era poco”chic”, presentaba su nueva iniciativa.

Se trataba de un dispositivo capaz de castigar mediante un rayo de potencia proporcional a la falta cometida, a aquellos/aquellas que pronunciaran palabras malsonantes o que ofendieran el buen gusto. De momento se había construido una docena que se instalarían sobre un pilar en el medio de las plazas públicas. En aquella plaza donde se celebraba el mitin, se había instalado el primero. Más adelante, se fabricarían como pulsera individual de modo que cada individuo mayor de edad, portara su adminiculo correspondiente, que debería adquirir a un precio módico.

Una vez terminado su discurso, alguien preguntó a la Jefa Suprema si aquello era constitucional.

La Jefa Suprema contestó : Por supuesto, tenga usted en cuenta que estamos avalados con el 95% de los votos de nuestro paisanaje. Usted ya me preguntó lo mismo, hace un año, cuando decretamos que los elefantes vuelan, El Robot Maximo Judicator nos dió la razón. Sólo, y por mostrar el talante legado por nuestro Gran Munyidor, hemos añadido la coletilla de que los que no vuelan es porque no quieren.

El mismo alguien comentó para sí mismo: Vale esto es lo de “Vox populi, vox Dei” o lo que pasará a la historia como doctrina Dumbo...

Cerraba la ceremonia el Presidente de los Cineastas, no había tenido tiempo de preparar su intervención y había encargado de escribir su discurso a uno de los Robots AgiProp, que el Gobierno ponía a disposición del que quisiera utilizarlos. En este caso el encargado fue el EHT002, famoso por su prosa laudatoria al jefe de turno, que no defraudó, el tema contenía todos los tópicos a la moda y la alocución fue interrumpida por entusiastas aplausos en diferentes ocasiones.

Para finalizar dijo: Y para finalizar, mi querida y admirada Jefa Suprema, sólo me queda desearla mucha suerte, así que como decimos los artistas, ¡¡¡ MUCHA MIERDA !!!

Le cayó un rayo encima y le redujo a cenizas.

El asesor tecnológico de la Jefa Suprema se limitó a comentar : Parece que tendremos que enseñar a estas máquinas para que no tengan en cuenta la adjetivación de las palabras, ni el entusiasmo de su expresión como agravantes.

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